6 de junio de 2010

Desde Senggigi, Lombok, Indonesia


Hoy domingo me vine con Jessica desde Gili a Senggigi, a la isla grande de Lombok. En la mañana nos levantamos muy temprano para tomar el bote de regreso a Bangsal a las 8:30 horas. En el trayecto, con un movimiento torpe de mi parte, mis lentes de sol “salieron volando” para perderse entre las tablas del bote, los que fueron rescatados por el copiloto sordomudo; qué extraño, me he topado con tanto sordomudo. Los lentes estaban “pal gato”, no sólo con el marco roto, sino también con el segundo lente movido de lugar, sucios y rallados… “de elite”.
En un minibús nos llevaron a Senggigi, como opción de destino dentro de Lombok, pudiendo volver a Bali en cualquier momento. Senggigi “no tiene mucho que desear”, no tiene nada interesante, está a “medio morir saltando” y lleno de basura, pese a que la guía dice “Senggigi es todo, excepto por turistas”.
Buscamos un hospedaje barato; encontramos una pieza grande con cama doble y baño, todo muy limpio y por sólo 80.000rp. Entonces fuimos a bañarnos a la playa, frente al Sheraton Senggigi, para refrescarnos; qué lindo el hotel, y qué bestiales los jóvenes que, pese al calor, visten ropas largas. Luego caminando, y aprovechando la insistencia de un vendedor, compré un sarong de batik (65.000rp) para no seguir usando la toalla blanca multipropósito que a esa altura estaba negra.
Después de la playa nos tomamos la anhelada ducha para limpiarnos el pelo que estaba imposible de pegote después del paraíso, donde también aproveché de lavar la toalla blanca, maniobra que fue algo difícil porque esta vez, si bien el baño estaba limpio y tenía tasa “normal” (occidental), no tenía lavatorio ni puerta, no pudiendo remojar... imaginarán cómo uno se enjuaga los dientes sin lavamanos.
Caminamos. Fuimos a ver la meca del pueblo, que estaba llena de autos negros y grises, grandes y con vidrios polarizados; eran los musulmanes “potentados”, un “asunto” como de mafiosos. Y luego fuimos a un local, cuando se puso a llover copiosamente, como si se tratase de una ducha. Nada mucho que hacer más que oír las “tortuosas” historias del matrimonio del que escapó la señorita que allí trabajaba.
Volvimos a la playa para ver el atardecer que, como bien oí, fue uno de los más lindos que haya visto, de un rojo intenso que cambió a morado espectacular. Entonces cenamos junto a la playa; comí Nasi Goreng Senggigi (arroz frito con verduras, huevo frito, hojuelas de camarón y saté de pollo, 28.000rp). Y en la noche fuimos al internet (300rp/min), que funciona muy lento. La vida nocturna de Senggigi es muy movida, es como si la ciudad fuese otra durante la noche.
Mañana, y por cinco días, planeamos viajar en Lombok, ¡en moto! porque según Jessica es fácil y es la única forma para que no nos “asalten” con los precios del transporte para turistas. Dependiendo del acceso a internet estaré más o menos presente. Cariños,
Antonia

5 de junio de 2010

Desde Gili Air, Lombok, Indonesia



Mi travesía desde Ubud a Gili comenzó el miércoles 2 de junio a las 7 am. El minibús nos llevó a Padang Bai, en Bali, para tomar el ferri a la isla Lombok, donde nos cambiaron el boleto del minibús por uno para el ferri; también conocí a Jessica, de Quebec, con quien he compartido mi viaje en Lombok porque coincidimos en tener la misma ruta en Lombok y en estar viajando solas.
El ferri tardó desde las 9:30 hasta las 15:30 horas en cruzar sólo 25 km; y es que el “speed boat”, que demora una hora, costaba diez veces más... ustedes saben cómo soy con el ahorro. Probé, entonces, otra fruta exótica llamada Salak, de un sabor entre dulce, ácido y mucre, y de una piel como de reptil, con escamas.
Cuando llegamos a Lembar en Lombok, las playas paradisíacas ya se veían. Otro minibús y boleto nuevos esperaban por nosotros para ir a Bangsal, el puerto frente a las Gili; el viaje fue espectacular: selvático, bien espeso, con monos a lo largo del camino, pero con muchas curvas y árboles que tapaban la vista.
En Lombok, los hindúes de Bali se cambiaron por musulmanes. Al parecer están en elecciones, pues en los postes de la luz y en carteles hay fotos de hombres con atuendos “del terror”.
A las 16:30 horas llegamos a Bangsal, el puerto para cruzar a las islas Gili. Recibimos otro boleto; entonces aprovechamos de negociar el viaje de regreso al cree que de lo contrario saldríamos de la isla pagando una fortuna. A unos turistas que acababan de llegar a Bangsal les cobraron por cruzar lo mismo que a nosotras por todo el tour desde Bali.
Llegamos a Gili Air, la playa e isla paraíso. El mar turquesa estaba tranquilo como “taza de leche”, había palmeras y más tarde hubo un atardecer multicolor espectacular. Pero nada de espectacular fue acarrear mi mochila de 15 kilogramos en busca del lugar adecuado, lo que logramos caminando junto a Asim, un “agente colaborador”. El búngalo (como llaman acá a la cabaña) que arrendamos es bien “monono”, tipo palafito de paredes hechas de tiras de bambú, con mallas mosquiteras sobre las camas y un esperado baño asiático. En el baño, la tasa de porcelana va a ras de suelo, debiendo colocar los pies sobre el margen y agacharse en cuclillas, y para “tirar la cadena” hay que tirar agua al agujero con ayuda de un jarro plástico que está junto a una llave... “de ensueño”. El baño, en general, es medio terrorífico, pero es lo que sabía que vendría; pese a ello, el precio por la cabaña es baratísimo considerando que es por el búngalo completo y que como en todo alojamiento en Bali aquí también dan desayuno (panqueques con plátano o piña y miel o chocolate, y té o café), y ahora que tengo compañera dividimos el valor por dos. Esto se encuentra en la zona este de la isla, la más barata y precaria en cuanto a servicios.
En la noche cenamos en el restaurante del lado, en una plataforma exterior. Como es común en toda la isla, hay plataformas de bambú en altura, con mesitas bajas en el centro y cojines alrededor para sentarse o echarse por cuánto tiempo se quiera y sin consumir si así se desea. Como comida novedosa, pedí Olah-Olah (vegetales en leche de coco y lima, acompañado con arroz): delicioso.
Y ¡suácate!, el detalle del paraíso; en la isla se corta la luz a menudo, debiendo esperar a que un generador a combustible cargue el sistema nuevamente. Pero nada apura en la isla, y la luz regresó al poco rato. Luego nos fuimos a dormir.
En la mañana del jueves descubrimos el segundo “detallito” del paraíso, el agua de la ducha es salada. Proveniente del subsuelo, no es tan salada como la del mar, pero es salada; imagínense “la delicia” de pelo después de tres días lavándose con agua salada, y pensar que hay gente que va de vacaciones ¡por meses! El jabón no hace espuma con el agua salada, es como lavarse únicamente con sal, aunque al menos es refrescante... obvio, el paraíso no tiene agua caliente porque quién la necesita.
Entonces nos esperaba nuestro día de snorkeling, que fue fabuloso; con corales y peces de todos los colores: amarillo, blanco, morado, azul, café, rojizos; vi y hasta toqué a una tortuga de mar, aunque la tortuga no estaba tan emocionada como yo porque me mando un tarascón en el dedo (no me hizo mucho). A la hora de almuerzo paramos en la isla vecina, Gili Meno, de arena aún más blanca y mar color calipso. De regreso el bote paró una cuarta vez para meterse al mar, pero no quise tirarme porque el pelo no se me secaba y estaba medio mareada; me dediqué a tomar fotos a través del vidrio del piso del bote, aunque no resultaron muy buenas.
El agua en Indonesia, sin duda, es la más tibia que he experimentado; no cuesta ni un poco meterse, aunque caliente no la llamaría. En este paraíso, además, no hay autos, motos ni policías; el medio de transporte son carretas pequeñas a caballo, que no usamos porque Gili Air es muy chica.
Ayer viernes decidimos caminar alrededor de la isla, por la playa; tardamos 2 horas. Colecté trozos de corales muertos impresionantes, de color rojo intenso y azulado. No sé si mandarlos o los llevarlos, ni si me los dejarán entrar a Chile. En la caminata, para variar, yo la “cabeza de pollo” dejé caer mi falda que colgaba del bolso. Para cuando me di cuenta había pasado harto rato... ¡diablos!; decidí regresar. No van a creerme, encontré una señorita que la estaba colgando en la pasada “para que el dueño la encontrase”... es que ya era mucho, esta cultura es muy “re” buena. Al regresar experimentamos la formación de una tormenta en Lombok, frente a nosotros, con viento, un mar agitado, un cielo negro azulado y un arcoíris fenomenal.
Hoy hicimos otra caminata; ahora por la villa, los caminos internos de la isla. Es bien campestre y tropical a la vez, como el Mato Grosso de las teleseries brasileras.
Asim, el “agente colaborador”, y ahora amigo, que se encarga de los negocios del lado sur-este de la isla, me dijo que la tierra de la isla fue dada a la gente hace mucho tiempo atrás, pero que ahora tiene precio (vale US$8.000 /ERA en la costa y US$6.000/ERA en la villa; 1ERA=10m2)… bueno, la isla sólo tiene unos 2,5 x 3 km. Esto puede explicar el porqué de algunas casas más aventajadas (ostentosas para estos lados, aunque nada lujosas para nuestra visión); pertenecen a extranjeros, han debido casarse con algún local antes de comprar. Entonces Asim me insinuó con una sonrisa “picarona” el que fuese su pretendiente… ¡musulmán tenía que ser!
En las noches en Gili probamos comidas variadas, todas maravillosas (15.000-30.000rp); “Pepes Ikan” (pescado Pepes) es un pescado cocinado a la parrilla dentro de una hoja de plátano que queda perfecto; esporádicamente tomé un jugo de fruta (5.000-7.000rp), pero regularmente tomé agua embotellada rellenada.
La isla resultó exquisita, pero no para quedarse por tanto tiempo, además de que nuestro lado este de la isla (el pobre) no era tan limpio. La gente en Lombok, en general, y peor en la isla grande que en las Gili, bota tanta basura a las calles como en Chile… qué pena.
Gili nos ofreció un deleite de colores, arcoíris, cielos negros de agua y atardeceres azul intenso a rosado, amarillos y plateados, descanso y sabores maravillosos. Es un “no perderse”.
Un beso a todos. Hasta la próxima.
Antonia

2/6/2010: 377.000rp (150.000rp atención; 150.000rp pasaje Ubud a Gili Air; 12.000rp ensalada de fruta; 5.000rp fruta; 5.000rp agua; 15.000rp cena; 40.000rp alojamiento cabaña privada compartida)
3/6/2010: 171.000rp (75.000rp días de snorkeling; 18.000rp almuerzo; 3.000rp llenado de botella con agua; 5.000rp piña; 20.000rp cena; 10.000rp jugo de coco; 40.000rp alojamiento cabaña privada compartida)
4/6/2010: 87.000rp (25.000rp cena; 7.000rp jugo; 12.000rp galletas; 3.000rp llenado de botella con agua; 40.000rp alojamiento cabaña privada compartida)
5/6/2010: 138.000rp (30.000rp cena; 3.000rp llenado de botella con agua; 65.000rp vasija de coco; 40.000rp alojamiento cabaña privada compartida)









Mapa de la ruta por Lombok





2 de junio de 2010

Desde Ubud (2), Bali, Indonesia




Antenoche, cuando volví a mi hospedaje me di cuenta que no tenía más que una manta para taparme los pies, cosa que no importó al no estar tan fresco; pero los calzones que había lavado y colgado en la pieza estaban aún mojados. Yo pensaba que se secarían de inmediato, lo que me demostró lo húmedo que está el ambiente aquí, y el porqué de mi constante transpiración.
Ayer me desperté con el sonido imparable de los pajaritos enjaulados y los cantos agudos (que yo llamaría chillidos) de una niña de mi hospedaje.
Cuando salí de la habitación, no pude creer que me ofrecieran desayuno (estaba incluido por los tan solo 60.000rp). Si bien la pieza es bien “atorrante” (mejor no la describo), el espacio común es agradable y lindo, y el desayudo muy rico. Me dieron panqueques rellenos con plátano y miel, ensalada de fruta (piña, papaya, naranja y plátano) y té que disfruté en la mesita de la terraza pequeña que tiene la entrada de mi habitación. La guía dice “virtualmente, donde sea dan un desayuno básico”.
Entonces partí en busca del templo “Gunung Kawui”, porque mi libro guía lo recomendaba; “… a 11 km de Ubud… es con seguridad uno de los lugares más impresionantes de Bali… con monumentos tallados en las rocas del valle”.
Tanto taxi, tanta moto, y aún así los precios que me ofrecían para llegar eran muy altos. Entonces decidí tomar la vía del transporte público, aunque no del bien barato para no perder tanto tiempo en traslados. Tomé un “bemo” (furgón pequeño) tras negociar el precio del viaje. Así fue como “nos dimos la vuelta al mundo”, tomando una ruta que me sirvió para ver varias localidades y compartir con los indonesios que se subían y bajaban durante el trayecto. Luego de tener que trasladarme a un segundo bemo, llegué a mi destino. Pero la dificultad no era sólo esa, pues al asecho estaban las señoras de los puestos con “sarong” (telas estampadas que usan alrededor de la cintura para cubrir hasta los tobillos), ya que no se puede ingresar sin sarong ni cinturón al templo (por motivos religiosos). Regateando, regateando, compré el que me pareció más bonito para usarlo en el próximo templo y como frazada.
Precioso, maravilloso, ¡de postal! Gunung Kawui es un templo hindú sencillo, con terrazas de arroz entre palmeras, y aunque no más que eso suficiente para mi goce.
Al salir, caminé un poco por la calle, cuando encontré el mismo “snack” que el mono me comió ayer; estaba rico.
Volví a Ubud de la misma forma como salí, aunque esta vez sabiendo el precio real (o justo) que debía pagar. Cabe señalar que el precio para un turista no es ni cercano que para la gente local.
De regreso en mi habitación, los calzones, esta vez colgados en la terraza, aún estaban húmedos, además de heder a toalla húmeda que se queda dentro de la mochila... ¡mal!
Luego caminé un poco más por Ubud. Fui al mercado “a mirar”; pero terminé comprando fruta exótica: rambután y mangostino ¡deliciosas! (un poco ácidas, sutilmente parecidas a jugo tropical mezclado con pera) y luego compré en un mini-mercado un paquete de galletas.
Otra vez cambié mi plan; quiero pasar a Lombok a la "playita", así que sin pensar mucho compré un pasaje para la isla Gili Air. Las islas Gili son tres (Air, Meno y Trawangan), “el paraíso de arenas blancas y de las fiestas”, aunque yo escogí la menos turística porque “ni ahí” con las “masas de gente”.
Más tarde fui a cenar a la misma picada de comida asiática y balinés, Dewa Warung; comí “fideos crujientes con verduras”. Y luego del internet, cuando llegué a mi “suite”, ¡qué horror!, no tenía mi porta-documentos con la plata que traje en efectivo. Partí corriendo al internet, pero ahí no estaba; luego al restaurante y al mini mercado, haciendo la ruta inversa de los últimos lugares donde había estado; pero nada, tuve que volver a la “suite”. Por suerte que el pasaporte lo había dejado en otro lugar, así que lo que realmente había perdido era sólo plata (suficiente para dos semanas) y la licencia de conducir... en fin. No pude entender lo que pasó, porque tampoco vi a alguien sospechoso que pudiera habérmelo robado del bolso. Y ese fue mi día.
Hoy en la mañana fui a tomar el minibús que me llevaría a Gili Air, frente a la venta de pasajes. Por casualidad, le pregunté al vendedor por si se me habría quedado ahí mi chequera; “sí, la dejamos en el cajón porque no sabíamos de quién era”, dijo. No lo pude creer, estaba hasta con US$450 de los US500 que tenía. Aquí la gente es muy humilde y pese a ello muy honesta; qué agradable, es de no creer en Chile. Como atención, y agradeciendo también al destino, les devolví 150.000rp y no les dije nada de los US$50.
Más besos y abrazos... sigo en contacto si hay internet.
Antonia

1/6/2010: US$50 + 289.000rp (3.000rp agua; 20.000rp bemo Ubud a Gunung Kawiu; 100.000rp sarong; 15.000rp entrada templo Gunung Kawiu; 27.000rp bemo Gunung Kawiu a Ubud; 10.000 cena; 5.000rp palillo para cabello; 20.000rp fruta; 20.000rp internet (100/min); 2.500rp agua; 6.500rp galletas; US$50 perdidos; 60.000rp alojamiento privado)

31 de mayo de 2010

Desde Ubud, Bali, Indonesia



Estoy yendo en contra de mi postura “anti botella plástica”. Aquí venden el agua sólo en botellas de 1,5 litros desechables, y eso es lo que estoy comprando para evitar enfermarme, junto con las dos vacunas que me colocaron antes de venir, contra tifus y hepatitis A.
El paisaje desde Kuta a Ubud fue precioso, con construcciones bellas, plantas por todos lados y artesanías. Y, aunque demoramos dos horas y media en vez de una hora por toda la espera y recolección de pasajeros, llegamos sanos y salvos a Ubud. Sin embargo, el minibús no entró al centro de la ciudad, por lo que tuve que caminar con mi mochila de 13 kg por 20 minutos hasta la calle JI Arjuna para encontrar un lugar donde alojar; afortunadamente compartí la caminata con una chica alemana que por llevar varios meses viajando iba llena de bolsas y me dio algunos datos, hasta que nos despedimos frente a su reserva en un hostal caro.
En Ubud hay muchos hospedajes, y varios están dentro de recintos cerrados que conforman unidades familiares. Estas unidades están circunscritas por una muralla en cuyo interior hay varias habitaciones que convergen en un patio central común; poseen, además, una zona con un templo y un área con cocina, lugar de comida y aseo comunes. En promedio, dentro de lo que averigüé, una habitación simple cuesta desde 70.000rp, siendo el precio para dos personas muy similar y no existen las piezas compartidas; sin embrago, yo conseguí una simple por 60.000rp, nada de lujo pero con una cama, armario, ventilador y baño privado (con tasa occidental).
Ubud ¡es bello! Entiendo el porqué es tan turístico; es selvático, sus calles son lindas, las tiendas tienen cosas bellas y es sumamente agradable. Sin embargo, su tránsito es “de locos”; manejan por la derecha de la calzada y, como los colectiveros en Chile, lo hacen como si fueran los dueños de las calles (aunque tocando menos la bocina) y entre cientos de motocicletas. Las motos son el medio de transporte “número uno”; entre los autos, los Suzuki y Toyota están “a la orden del día”.
Una vez instalada en el alojamiento, lavé algo de ropa que colgué dentro de la pieza, y salí a caminar por el centro de la ciudad hasta el “Parque de los Monos”. El comercio estaba lleno de cosas bonitas: esculturas, ropa, madera y obsequios propios del lugar; entre una oferta enorme de colores, compré un pañuelo delgado para el cuello de seda, color rojo intenso con verde y blanco.
¡Qué chistosos los monos!, ¡qué bonito todo! Entré por la entrada oeste del parque; al salir por la este decía “entrada adulto, 20.000rp”... ¡ups!, que conveniente.
Afuera del parque compré un bocado indonesio”; “qué choro”, me dije. A los cinco pasos, un mono empezó a seguirme, sabía que estaba “frita”, y luego otro se unió a la seguidilla; un mono saltó a mi brazo, el otro a mi cintura, y entonces me rendí... se llevaron mi “snack indonesio” sin saber cómo era.
Después de tal aventura fui en busca de Dewa Warung, el lugar para comer que mi guía turística aconsejaba, porque en la calle central Monkey Forest (JI Wanara Wana), y las contiguas, era muy caro (sobre 35.000rp). Ahí estaba la “picada” con comida rica y barata (12.000 a 17.000rp); comí “cashew ginger chicken”, un plato muy sabroso; además, conocí a una francesa con quien conversé y caminé más tarde.
A las 19:30 horas fui a un show de música y baile balinés muy lindo e interesante que dan de lunes a viernes por 75.000rp. Y Ahora estoy aquí, en el “ciber”, tratando de subir las fotos a internet que demora una eternidad.
Ha sido un día muy bueno. Cada vez me siento más cómoda. La gente es muy amistosa y no se siente violencia por ningún lado; sólo los taxistas son insistentes, a la espera de algún cliente.
Mañana me quedaré en Ubud para arrendar una moto con chofer (“cáchate esa”) para que me lleve a un lugar un poco más lejos; esto porque me da susto manejar una moto con tanto movimiento en la calle.
Y de playa, nada; estoy en el centro de Bali. La playa seguramente la alcanzaré en unos 2 a 3 días más.
A ver si subo las fotos. No prometo escribir seguido porque no sé si en el pueblo siguiente habrá internet o tendré mucho tiempo.
¡Besos!
Antonia

31/5/2010: 274.000rp (45.000rp minibús Kuta a Ubud; 4.000rp agua; 1.000rp bocado; 50.000rp pañuelo de seda; 17.000rp cena; 75.000 show musical; 22.000rp internet (1.000rp /6 min); 60.000rp alojamiento privado)