9 de julio de 2010

Desde Kota Kinabalú (2), Sabah, Borneo, Malasia

Estoy de regreso a KK (Kota Kinabalú) luego de mi “expedición” por la selva de Sabah, Borneo.
Al final cambié un poco mis planes. El lunes, finalmente y luego de arreglar mi tur a la selva y comprar mi impermeable, partí en bote a la isla Mamutik del Parque Nacional Abdul Rahman, al frente de KK. Por desgracia, luego de Gili Air en Lombok, nada es del todo bello; pero fue rico tomar un poco de sol y bañarme. Sin embargo, el clima no acompañó al paseo y tuve que volver una hora antes; cuando empezaron a caer unas gotas, decidí partir de regreso. Una vez en el bote, con más turistas, empezó a llover... y ¡miércales que llovía!; dolía la cara con el agua... pese a ello resulté ser la única de todo el bote que salió bastante seca, porque de pura suerte andaba con el impermeable que compré para el paseo siguiente.
Caminé al hostal, y seguía el diluvio; fui a comer por segunda vez a un restaurante indio que queda cerca... ¡que buena la comida!
El martes partí bien temprano para alcanzar mi bus que salía del terminal Inanam rumbo a Tawau. Me habían dicho que sólo se llegaba en taxi... pero yo la insistente me conseguí la información para llegar en locomoción pública. Tomé el ”city bus” hasta el terminal Wawasak y de ahí otro mini bus hasta el Inanam; luego de seis horas me bajé en Kinabatangan. Entonces de diferentes partes llegaron los demás turistas para que un bus de la empresa nos transfiriera a este paseo, una hora y media río adentro.

El viaje en bus fue una belleza; el paisaje entre montañas con nubes algodonosas y un verdor fenomenal. Si bien no lo subí, el Monte Kinabalú se veía imponente en el paisaje. ¡¡¡Lindo!!! Lo único malo es que hacia el este de Sabah aparecieron las plantaciones de palmeras para producción de aceite... un tema del que me informaré mejor una vez en Chile, y es que estos bestias desde hace ya algunas décadas vienen deforestando el bosque “a mil por hora”, y el paisaje termina absolutamente monótono, aunque verde y con helechos creciendo en el tallo de las palmeras y suelo (mejor que la plantación de pinos, creo yo). El parque del tur corresponde a una reserva en medio de estas plantaciones antiguas de palmas, que queda en el río Sungai Kinabatangan. 
El tur “valió cada ringgit”… lo pasé “chancho”, y nos cansamos mucho también. Consistió en dos noches y “tres días”; cuatro salidas en bote, de hora y media cada una, en la tarde en que llegamos, las dos mañanas siguientes (6am) y la tarde del segundo día; caminatas nocturnas por el parque; y una caminada durante el segundo día. Nos dieron desayunos, almuerzo y cenas muy ricas... y la chilena aprovechando de empacharse con verduras.
El paisaje en bote fue tal como me imaginaba al Amazonas. Un río marrón opaco con árboles, arbustos y pastos a cada lado. Vimos monos hasta que nos dio hipo... y dale con el macaco de cola larga y el mono probóscide (o como se llame en español).
Y tratando de llevar lo menos posible al paseo (el resto lo dejé en KK, en el hostal), la muy mensa de yo no llevé mis lentes; mientras todos veían al cocodrilo escondido entre las ramas, yo caso perdido. Pero... mi cámara, con el zoom fantástico y envidiado por medio bote, me permitió sustituir los lentes. Difícil, en todo caso, ver al famoso cocodrilo; con suerte, y con las olitas hechas por los botes, se podía ver la cabeza del “pobre tipo”. Lo mismo me pasó con una serpiente; todos me indicaban donde estaba, y yo nada, no veía nada; cuando por fin la encontré con el zoom, lo único que se veía eran dos centímetros cuadrados de esta cosa negra con anillos amarillos... ¡¡a eso le llamaban serpiente!!. A los elefantes no los pudimos ver porque estaban muy lejos de la base esos días. También vimos algunos pájaros extraños.
La tarde del día que llegamos estaba lloviznando, en la noche y día siguiente despejado, y la mañana del tercer día con neblina que luego se despejó. En la salida en bote del segundo día, cuando el sol cayó, una luz espectacular apareció; en un cielo celeste, con un poco lila, los rayos del sol hicieron franjas fucsia en las nubes... jamás vi algo así antes.
En las caminatas vimos plantas durante el día y animales e insectos durante la noche. Aquí es donde debíamos usar “calcetines contra sanguijuelas”, que no pude encontrar en ningún negocio; a cambio, y porque mis pantalones son todos cortos, me compré unos calcetines deportivos verde con líneas blancas muy sexi. Pero nadie fue “atacado” por ninguna sanguijuela. Nada de lo que vimos por la noche se movía cuando los alumbrábamos, ni los pájaros... absolutamente petrificados, excepto por animales más grandes como un “gato Civit” y un zorrillo. Y es que en el momento de apagar las luces, durante la caminata, comprendimos porqué los pájaros no se mueven... por que no se ve ¡nada!, ¿a donde volar?
Fue rico también poder compartir con gente de varios países por más de un día. Sin embargo, no encontré a nadie que siguiera mi ruta hacia el continente. Eso sí, hice dos amigos con los que ayer seguí rumbo a las termas “Poring” luego del último día de tur, Shaunagh de Australia y Andi de Inglaterra (que vive en Filipinas cultivando arroz).
Las termas “harto penca”; tinas chicas, de loza azulada, divididas en cuartos con dos llaves cada uno, con agua fría y caliente, que se llenaban taaaan lento... insoportables. Pero fuimos tarde, cuando ya no había nadie y no tuvimos ni que pagar, y estaba rico. Nos alojamos en una casa en la calle única del pueblo. Según Shaunagh se parecía mucho a Nepal.
Y hoy decidimos hacer una caminata por el parque hasta una cascada, 3,5km que nos costó dos horas de ascenso y una de bajada. Otra vez transpiré como porcino… y aquí si que conocimos a las sanguijuelas; las “bestias” escalan los zapatos en busca de piel. Y por supuesto la presa favorita era yo. Yo creo que mi circulación sanguínea debe ser más superficial que la del promedio de la gente, porque mosquitos, y ahora sanguijuelas, me prefieren. Pero mis “calcetines sexi” funcionaron fantásticos, aunque el grito de horror cada vez que vimos una en nuestros pies no faltó. El “chiste” de las sanguijuelas acabo en el bus de regreso a KK cuando Shaunagh hizo el comentario de que la aventura no hubiese sido tan excitante sin haber sido intimidados por estos animales... al cabo de dos minutos del comentario ella dio un grito nuevo porque aun tenía una en el tobillo... y nos reímos más aún. Carmen Luz, esta australiana es como haber estado contigo, con una personalidad, risa y goce ¡imparables!
Cuando bajamos, se largó a llover. Almorzamos una sopa deliciosa (Thai Tom Yam). También nos dieron en el local un picadillo de una planta, súper rico, que luego de pensar y pensar llegué a la conclusión de que era muy parecida en sabor al cilantro... mmm
Y nos vinimos a KK. Cené en mi restaurante favorito, Arin Curry House, Mie goreng talur (fideos salteados con vegetales… los mejores fideos ¡del mundo!) y un “roti”; (masa frita, plana como panqueque, que la sirven acompañada con un platito con curry donde se unta).
Mañana vuelo a península Malasia (Malasia oeste)
Un beso grande.
Antonia

4 de julio de 2010

Desde Kota Kinabalú, Sabah, Borneo, Malasia


¡Qué ciudad más fea! Kota Kinabalú, en Sabah, es un verdadero hoyo sin ninguna gracias; fuera de un mercado que, por fin, tiene otras frutas fuera de plátanos y naranjas, como ocurría en Kuching, no tiene nada que me guste.
El clima tampoco me está acompañado, ni los tures tampoco. Creo que lo único que me queda es largarme a la naturaleza hasta que mi avión, el 10 de julio, me lleve a Kuala Lumpur, en la península.
Tenía pensado escalar el monte Kinabalú famoso, pero viendo que los precios de entrada y estadía son “descabellados” y que el clima está muy malo, prefiero no hacerlo. Ojalá el tiempo me permita, al menos durante la mañana y media tarde, pasear por el parque Kinabalú. También pretendo ir a un tur por el río, en la selva, nada de barato, pero una alternativa mejor donde no sufriré con tanta caminata y veré mejor a Borneo.
Mañana confirmaré el plan con el clima y alguna agencia de turismo; sino, puedo ir también a unas islas que quedan aquí al frente. Me quedaré en la ciudad sólo si no para de llover.
Ahora hay truenos y lluvia torrencial, y un calor poco agradable. Y la época seca, ¿donde?
Aquí también me estoy quedando en un backpacker, en un dormitorio compartido, salvo que ahora todo mezclado en un mismo dormitorio: hombres, mujeres y edades y nacionalidades variadas; la verdad nada muy agradable cuando ni el baño te permite cambiarte de ropa. Para más remate, el caballero de anoche no paró de roncar durante toda la noche. Le grité un par de veces pero no saqué mucho; y es que yo simplemente no tolero el ronquido. Así que hoy pedí cambio de pieza; estoy con extranjeros jóvenes… espero dormir como “lirón”.
Y más no ha pasado. Les escribo para decirles que si no estoy en contacto en los días próximos es porque me fui a la “jungla”.
Por el cambio de horario no pude llamar a la abuela. Por favor mándenle mis cariños por el cumpleaños; haber si la llamo más adelante.
Cariños,
Antonia

2 de julio de 2010

Desde Kuching (2), Sarawak, Borneo, Malasia

Hola, hola. Aún en Kuching. “Qué mala pata”, no pude ir al parque nacional Mulu ubicado en el centro de Borneo, que es supuestamente lo mejor de Borneo. Entre que los europeos lo están repletando todo y justo en estos días hay un grupo internacional llamado “‘Hash” que está saturado lo restante, excluí mi segunda parada de Borneo por falta de alojamiento. En fin…
Efectivamente, Kuching es bastante más occidentalizado que Indonesia; pero tiene mucha más mezcla cultural que se refleja, entre otros, en las construcciones. La mayoría de las personas de Sarawak (31%) pertenece a la etnia Ibán (como la familia que conocí), el 27% a chinos, el 23% a malayos y el restos a otras etnias. Originalmente y aún algunas etnias viven en las “longhouse” y usan sus vestimentas y costumbres particulares. La religión oficial de Malasia es el Islam.


Así es como en Kuching hay “mil y una” construcción diferente: templo chino, mezquita, edificio de estacionamiento pintado multicolor tipo jardín infantil, cultura occidental “moderna”, barrio chino, calle india, hotel Hilton, mercados de comida malaya, McDonald’s...
Aquí, a diferencia de en Indonesia, hay césped por todos lados, y bien cortado a máquina (supongo que refleja la dominación inglesa)... cuando en Indonesia el pasto era cortado ¡a mano!, con cuchillo o una hoz de rodillas en el piso.
Pero aquí, entre la “modernidad”, muchos advierten que tenga cuidado con mi bolso de mano, porque suelen robar. Por eso,  ahora lo llevo cruzado.
La ciudad tiene medio millón de habitantes; pero como es bastante plana no se ve mucho más allá del centro que no es muy grande; pero se extiende. La familia Ibán que conocí vive a 45 minutos del centro, y Hazel, el contacto que tenía antes de venir, a 50 minutos.
Bueno, el miércoles, al día siguiente de la visita a la longhouse y a los orangutanes, partí al parque Bako (10 RM)... ¡¡bello!! Era un lugar para alojarse y tomarse más tiempo del que yo dispuse por el día. Tomé un bus púbico del centro de Kuching (2 RM) que iba con harto turista, para luego reunirme con un grupo de turistas para compartir el costo del bote hasta el parque (9 RM por persona).
No puedo expresar lo bello que es el parque Bako, ni con las fotos; estaba lleno de vegetación. Escogí los senderos para mi caminata, uno de 5,3 km y otro de 800 metros.
Decía que tardaría unas cinco horas caminando, así que me apresuré para no regresar antes de que el último bote de regreso se fuera; pero sólo me demoré tres horas. Harta raíz, escalinatas y triquiñuela, pero bien entretenido, sobre todo porque, aparte del primer tramo, no había mucha subida que es lo que a mí “me liquida”. El trayecto corto tenía vegetación espesa que finalizaba en una playa preciosa; el segundo ascendía hasta la parte más alta donde estaba erosionado y por ello poco denso, con arena y roca desnuda en varias partes. Definitivamente los monos de los que hablaban no estaban allí... y casi tampoco vi gente.
De animales, sólo vi hormigas gigantes, otro millar pequeñas en fila, un matapiojos rojo-anaranjado furioso, un caracol bien lindo... y una culebra que se cruzó en el sendero rápidamente. Cuando volví a la reserva, estaban ¡los monos! Eran los animales más extraños que jamás vi, los "monos de nariz larga" (llamados proboscic, en inglés), que tienen una nariz gigante y colgante, los pies grandes, las piernas largas y una cola aún más larga... parecen humanos con disfraz.
Hasta que al atardecer salí del parque Bako en el bote, donde conocí a unas parejas de polacos y checos; los checos me invitaron a compartir su taxi… “qué agradable”, me dije; pero el “maldito” aire acondicionado del taxi hizo que ahora tenga mi garganta adolorida. Desde entonces he estado cansada, ayer y hoy, pero aun así caminando por la ciudad.
Ayer crucé en bote el río central de Kuching (2 RM) para ver el Fuerte Margherita y la tal “biblioteca musulmana” que mi amiga Yen me indicó era aquel edificio estrambótico y enorme... “tengo que ir”, me dije. Pero resultó no ser nada eso; era un edificio de gobierno al que no pude entrar.
Anoche, por fin, me junté con Hazel y un amigo de ella que trabaja en turismo, quien me repitió y me repitió que si lo hubiese contactado antes, me hubiese llevado a algunos tures por precios bajos, y que incluso me hubiese podido mandar donde conocidos al parque Mulu... pero ya había comprado mi pasaje a Kota Kinabalú (140 RM) para la mañana. Tuvimos, sin embargo, una cena muy interesante en el barrio chino, y una pasada en auto por la ciudad para ver donde debía caminar al día siguiente.  A la entrada del barrio chino me saqué una foto con el Gato famoso de la ciudad, que según lo que acontece viste algo particular; ahora la bandera de la FIFA. Y es que Kuching significa gato, y yo que creí que para los chinos era un símbolo especial.
Hoy crucé el río para ver el jardín de orquídeas... ¡qué flores más lindas! También fui a museos; el “muzium islam” que fue súper interesante (para mí, al menos). Me encanta la arquitectura islámica, siempre busco ver esto.
Y para que vean que yo no soy la única, mi compañera polaca de cuarto ya lleva seis meses de viaje por Asia, y no pretende volver sino hasta noviembre. Su plan de viaje inicial era ir desde India hasta Europa pasando por el medio oriente; pero se “desvió” al sudeste asiático... porque la entusiasmó. Y ya me dio unos datos mientras yo le di los de Indonesia.
¡Besos a todos!

Antonia.








29 de junio de 2010

Desde Kuching, Sarawak, Borneo, Malasia

Hola queridos.
Qué alivio dejar el paraíso del mosquito en Yakarta; pero qué pena dejar Indonesia, pues si bien Kuching es lindo, no tiene el mismo “aire”.
Temprano tomé un “khusus” (cochecito de tres ruedas a motor, 8.000rp) para alcanzar el bus de recorrido al aeropuerto (20.000rp) rumbo a Malasia.
Mi vuelo de Yakarta a Kuching (NZ$532, capital de Sarawak, el sur de Borneo malayo), hizo escala y cambio de avión en Kuala Lumpur (capital de Malasia, ubicada en la península). Con esto, no tuve que declarar en Kuching los corales que llevaba, pues la gente pensaba que había estado en Kuala Lumpur y no en Indonesia… ¡qué suerte!
En cada uno de los vuelos de Malaysia Airlines me dieron comida; pescado y luego pollo saté (con maní)... ¡qué rica la comida!; hasta me dieron chocolates que no había comido desde hace un mes.
Desde el aire, el rededor de Kuala Lumpur se veía tapizado con cultivos y palmeras; todo era verde, verde, verde, y se podían ver los “mil y un” hoteles lujosos en una costa color turquesa... bello. Luego, en el vuelo a Kuching, conversé con el señor sentado a mi lado, muy amable, quien me dio algunos datos. La vista del paisaje de Borneo era una verdadera maravilla; había bosques densos, naturales, con vegetación “que se caía” hasta el agua; montañas entre medio; y una luz preciosa.
El señor sentado a mi lado viajaba con su familia, que me presentó una vez en el aeropuerto cuando su hija llegó a recogerlos en auto. Fue así como me llevaron hasta el centro de Kuching; allí nos despedimos y dejamos el contacto del otro.
Kuching es una ciudad linda; lo malo es que ya conozco Valdivia, y me parecen ciudades similares; pero Kuching es tropical. Tiene un río, un paseo que lo bordea, un hotel grande y negocios. Tiene, además, influencia china e india, más católicos, menos musulmanes, caras con rasgos más asiáticos y tono de piel más blanco que el indonesio.
La ciudad, occidentalizada sin duda, tiene muchas villas con casas pareadas de población y edificios construidos en bloques. No tiene motos, sólo autos, y nada muy lujoso aunque pobreza tampoco. Me parece que la gente vive bien aquí, aunque no se ven las sonrisas incansables de los indonesios.
Me estoy quedando en un B&B; la primera noche dormí sola en una pieza, porque pedí una para mujeres y las compartidas tenían hombre y mujeres juntos. Pero desde hoy compartiré la pieza con otras chicas. El precio por la pieza compartida en Malasia (16 RM) es el mismo que el de una pieza para una persona sola en Indonesia, y los precios subirán más aún desde el primero de julio porque comienza la temporada alta... se vienen “en masa” los europeos de vacaciones... ¡diablos!
En fin, esta mañana quedé en llamar a Yen, la chica que ayer me llevó en auto desde el aeropuerto. Como dijo que me iría a buscar enseguida, y después de esperar una hora aún no llegaba, decidí partir por mi cuenta a explorar el centro de la ciudad. Para cuando volví al B&B ella y dos amigas aparecieron, así que tuve un tour completo en un día.
Yen y sus amigas me llevaron a visitar la “Long House” Annah Rais, de Padawan, una de las viviendas tradicionales de Borneo; si bien fue interesante, estaba lleno de basura y deteriorado pese a ser parte del turismo regional (32RM). Las “longhouses” corresponden a comunidades construidas en altura que contienen hasta 100 familias en habitaciones conectadas por un techo y plataforma exterior enorme, todo hecho de bambú.
Más tarde fuimos a ver ¡orangutanes! Ni sabía

que en esta parte de Borneo también los había; y si bien están en una reserva antigua, liberados, algunos regresan dos veces al día de visita a comer sus colaciones que les siguen dando. ¡Qué lindos!, ¡qué grandes!, ¡qué maravilla verlos en su ambiente natural! Luego fuimos a la playa, y terminamos cenando en la casa de la familia.
La familia resultó ser bastante humilde y muy amorosa; viven a 45 minutos del centro de Kuching, por eso Yen tardó tanto en pasar a buscarme. Para ellos, yo fui “la nota” del día, la invitada de orgullo. Cocinaron un sinfín de platos diferentes de verduras, mariscos, pollo y arroz; yo llevé algunas frutas que compré para el postre. Comimos alrededor de una mesita, sentados en el suelo, y nos sacamos fotos “como enfermos del cráneo”; así que no se sientan mal si me ven en facebook con mi “familia nueva”, que parecían no poder más de felicidad con mi presencia. También compartimos direcciones electrónicas entre todos. Y qué bueno que tenía algunos regalos de Chile que pude darles, porque me los agradecieron emocionados.
La nota final del día fue un jugo de “ciruela ácida” que tomé en un pub con Yen y Alexis, una de sus amigas; más que ácido estaba un poco salado para mi paladar... extraño.
Y eso. Sí mami, ya estoy un poco cansada; pero tengo que seguir porque sólo tengo 10 días aquí en Borneo. Cuando encuentre una buena playa paraíso me echaré y no me levantaré por un buen rato.

Cariños, Antonia.






28 de junio de 2010

Mapa de la ruta por Borneo, Malasia

MALASIA

Territorio peninsular, entre Singapur y Tailandia, e insular en Borneo.
Borneo, isla compartida por Indonesia, Malasia y Brunei, posee en su región malaya una zona norte llamada Sabah y una sur, Sarawak.
Capital: Kuala Lumpur (en territorio peninsular); capital de Sabah, Kota Kinabalu, y de Sarawak, Kuching.
Población: 25 millones
Mezcla étnica: malayos, chinos, indios, tribus de Borneo (Iban, Bidayuh en Sarawak; Kadazan en Sabah, entre otros) y mezclas.
Originarios de Borneo y el sur de China. Influenciados por europeos, indios, Sumatra, camboyanos y chinos. Invadidos en 1500 por Portugal, luego por Holanda y finalmente por Inglaterra que llegó a controlar hasta Borneo en 1881. En 1900 los ingleses llevaron a los chinos e indios. La independencia de Malaya (territorio peninsular) ocurrió en 1957; en 1963 se formó Malasia (fusión entre Malaya, Singapur y Borneo malayo); en 1969 estalló una confrontación multirracial que mató a cientos de personas, cuando intervino el gobierno; hoy es una sociedad que coexiste pacífica y en cooperación étnica.
Religión: predomina la musulmana; los chinos son mayoritariamente taoístas o budistas; los indios, hindú o cristianos, aunque también musulmanes; en Borneo muchos originarios se han convertido al cristianismo, aunque aún existen los animistas.
Idioma: bahasa malayo, muy similar al bahasa indonesio; también destacan inglés, chino (hakka y hokkien) e indio (tamil).

Moneda: US$ 1 = 3,17 RM (ringgit)

27 de junio de 2010

Desde Yakarta, Java, Indonesia

Estoy en mi último día en Indonesia. Qué pena, todo ha sido tan bueno y bonito aquí, y hay tanto más que me gustaría visitar de este país.
Yakarta resultó una sorpresa para mí; creo no haber visto en mi vida tanto edificio grande ni tanto lujo. Este país debe tener muchísimo dinero, si bien bastante mal manejado porque la pobreza también es tremenda; así como Santiago, pero más exagerado aún.
Las carreteras tienen seis pistas por lado, los edificios son altos, hay muchos espejos, vitrinas de negocios muy lujosos, centros comerciales a escalas inimaginables, incomparables con los chilenos. Hay harto contraste; por un lado hay miles de autos impecables, principalmente de color negro y con vidrios polarizados, entre ellos Mercedes, Audi y BMV de último año, y por otro lado una micro tipo cerro de Valparaíso y “bajaj” (cochecitos a motor de tres ruedas).
Ayer tomé el tren para comenzar mi tur en Kota, la zona histórica del norte de Yakarta donde están las edificaciones con influencia holandesa, una plaza bien bonita con el café Batavia, de 1805, y los museos. Ahí también corre un río, con edificios bonitos a ambos lados, pero el río... el río... como los años dorados del Marga-Marga en que cruzábamos con la nariz tapada por su hediondez. Allí fui también al “Pasar ikan”, asumiendo que era un mercado de pescado (ikan = pescado); pero resultó ser un ambiente bastante “malacatoso”, horrendo y con artículos de repuesto para embarcaciones, como anclas, cuerdas y engranajes, sin pescados.
En la caminata, entre puentes y tráfico, un auto lujoso se detuvo a mi lado; era un hombre negro, con acento brasilero, que se presentó como jugador de la selección de fútbol. Me declaró su interés hacia mí e invitó a salir y quedarme con él. Gracias a que estaba rodeada de gente, rechacé tranquilamente la oferta y seguí mi camino.
En la parte sur de Kota había influencia china, siendo además el sector más pobre; no indagué más allá porque no sentí tranquilidad.
Tomé el tren de regreso al centro de Yakarta, pero en vez de bajarme en Gondaglia lo hice una estación antes, en Gambir, a la altura de “Lapagan Merdeka” (merdeka = libertad), la plaza con el monumento a la libertad, de 132 metros de alto, erguido por Sukarno en 1949 en memoria a la independencia de Indonesia. La plaza es enorme y bonita, y si bien se puede subir a la cima del monumento, hay un horario limitado y demanda alta, por lo que no subí.
De la plaza seguí caminando por la avenida principal, Jalan Thamrin (jalan =calle), donde están los edificios altos y lujosos, pero sólo hasta la “estatua de la bienvenida” de Yakarta porque era muy extensa y hacía mucho calor.
Hoy también caminé. Recorrí el perímetro de la plaza de la libertad, donde están los palacios de gobierno, la biblioteca y otros edificios importantes, otra vez enormes y lindos, y pintados principalmente de blanco. No les saqué fotos porque cuando intenté cruzar la calle, para acercarme al palacio presidencial, uno de los guardias armados me levantó la mano para que me devolviera... no saqué foto para evitar conflictos (me dio susto).
Hasta que llegué a la mezquita más grande del Sudeste-asiático, o una de las más grandes, “Masjid Istiqlal”. Entré, un señor me llevó a una sala para que dejara mis zapatos (chalas) y me pusiera una bata especial, y me paseó por el interior de la mezquita. ENORME; dentro caben unas 135.000 personas. Si bien el exterior es feo, el interior es muy lindo... ¡casi me convertí al musulmán! El ambiente estaba fresco y relajado. Había un altavoz en el patio exterior, una torre muy alta y delgada desde la que hacen “el llamado” para ir a predicar, ese que me “enferma” cada madrugada. Al menos en la meca me trataron muy bien y el encargado, bien buena gente, me sacó fotos para el recuerdo, agregando que Ricardo Lagos los había visitado, y orgulloso añadió “tengo una foto con él”. Al final, puse en una cajita de madera una donación por la visita.
Al lado de la mezquita había una catedral católica, otra vez gigante y apoteósica, y muy bonita.
Ahora comí un “gado-gado” (ensalada con salsa de maní deliciosa, 15.000rp) y estoy lista para “el sobre”; ¡estoy agotada! Los mosquitos me han “devorado” estos dos últimos días y noches, y casi no he dormido por sus ruidos; ayer, después de la cena, me conté 50 picadas en una pierna, siete en una mano y siete en un pie... así que hoy compré un “bálsamo chino” natural (3.000rp) que funcionó maravilloso contra la picazón. Por ello, ahora estoy vistiendo jeans y manga larga, aunque creo que más que mosquitos puede tratarse de pulgas porque muchas veces ni los veo y las picadas están muy cerca una de la otra; es que el río que cruza Yakarta ¡hiede!
Ya, “chao pescao” Indonesia… un gusto.
Mañana a Malasia.
Antonia


25 de junio de 2010

Desde Bandung-Cianjur-Yakarta, Java, Indonesia

Hola, hola... ahora en la capital de Indonesia, Yakarta.
Llegué a Bandung a las 5:30 horas. Esperé que amaneciera y tomé un “becak” (bicicleta con carrito en frente) que cruzó la ciudad desolada hasta terminal de buses. Qué ciudad más fea, cual si fuese Villa Alemana pero con una población y tamaño diez veces mayor, y más fea aún.
Fui rumbo a Cianjur, porque mi guía decía era un lugar lindo; pero el bus lo pasó sin notarlo. Cuando volví a Cianjur, en un bemo en dirección opuesta, me pareció un lugar horrible, sin ninguna plantación de té a la vista. Traté que me llevaran a otro pueblo, pero fue confuso, sobre todo por la incomunicación oral y corporal que intenté tener con la gente; entonces me dije, “no más huevadas, me voy a Yakarta”. Y aquí estoy, en Yakarta.
El viaje a Yakarta fue ¡¡¡bello!!!, aunque con tanta curva que las “vomitonas” no estuvieron ausentes (otra vez repartieron bolsas y más de uno la usó). Pasé por unas plantaciones de té increíbles, entre plantas de plátano, árboles floridos y helechos; quise bajarme, pero estaba cansada y con la incertidumbre por las horas escasas restantes que mi visa me permitía. Había una congestión vehicular “del demonio”, eso sí, porque la gente de Yakarta va a vacacionar a esas zonas altas donde abundan los resorts.
Una vez en el terminal de buses de Yakarta intenté encontrar una alternativa local para acercarme al centro; fue cuando sentí algo de miedo y antipatía por primera vez en el viaje. Un grupo de taxistas insistían en llevarme, pero como no estaba dispuesta a pagar “una barbaridad”, responderles que no y comenzar a preguntar por el bus local, comenzaron a acosarme y gritarme que me fuera a mi país; la gente del rededor me ignoraba, por lo que vi que no lograría ayuda en mi búsqueda, ante lo que decidí alejarme un poco, dejar pasar algunos minutos y mirar los buses; hasta que un hombre extranjero me dijo que lo siguiera al bus en que subiría él. Fue así como tras un trayecto largo de carreteras enormes llegué al centro turístico de la ciudad.
Oí tanto malo acerca de Yakarta que una vez que llegué me pareció linda. Es moderna, cierto, y enorme y con mucha gente; pero limpia, amplia y verde. Mañana caminaré para verla un poco mejor, aunque estoy segura que es muy bonita y ordenada como Singapur, o al menos el centro.
Pronto me voy a dormir, que las ojeras las siento “por el piso”.
Que estén bien.

Antonia.


24 de junio de 2010

Desde el tren “ekonomi” y Bandung, Java, Indonesia

Mis últimas horas en “Yogya” fueron lentas, caminando y descubriendo un poco más sobre comidas y rincones. Y en la noche, a las 20 horas, me embarqué en tren.
“Qué mejor que aprovechar el tren '”ekonomi”, me dije, esperando sentada en una butaca de la estación. Cuando llegó un tren, un poco más temprano de la hora en que salía el mío a Bandung, y vi a la gente literalmente correr para subirse, preferí preguntar en la boletaría si a caso era el que me correspondía; como era mi tren, fui de las últimas personas en subirme... ¡error! El tren estaba lleno, y como “ekonomi” implica sin numeración, Antonia “sonó”; me quedé sin asiento, parada junto a unos cuantos más, si bien con un chico de lentes “poto de botella” bien simpático, el único que hablaba algo de inglés. El chico me decía que lo siguiera para encontrar un lugar mejor, hasta que me ofreció uno para dejar mi mochila que no pude más que rechazar… era frente a la puerta abierta del tren. El chico era muy inteligente, culto, atento y respetuoso; de origen humilde, estudiaba leyes para combatir la corrupción de su país; y pese a que nadie me ha dado escusas para pensar incorrectamente de alguien en este país, no acepté su ofrecimiento tentador de bajarme con él para conocer donde vivía junto a su familia.
Al principio del viaje “ekonomi”, entre frustrada y sorprendida, decidí poner mi mochila en el pasillo y sentarme encima, pues no quedaba espacio para guardar el equipaje sobre los asientos ni pensaba irme parada durante nueve horas; a lo que la gente me respondió con un “no, no”. Entendí el “no” cuando tuve que dejar pasar cada 15 segundos a los vendedores ambulantes por el pasillo del vagón “ekonomi”; pasillo de la mitad de ancho que el de “bisnis” (de unos 80 cm) debido a los cinco asientos en vez de cuatro que tiene el tren a lo ancho (dos y tres a cada lado). Entonces puse la mochila verticalmente a un costado de una pared, en el último hueco disponible al extremo del vagón, al lado de la puerta del baño, y me senté sobre éste.
En el tren “ekonomi” pasan casi más cosas que en el mercado; hay venta de agua, comidas preparadas en olla, golosinas, abanicos, juguetes, café… cada vendedor vocea su oferta, repitiendo cuatro veces la palabra y manteniendo alargada la última letra para darle el tono característico de la venta... kopi, kopi, kopi, kopiiiiii (café)... air, air, air, airrrrrrr (agua).... un tanto “enfermante”. La música con audífonos que llevo endulzó el momento, así como ver tanta solidaridad al compartir el espacio que ya no queda del asiento con alguien más, y siempre sonriendo.
De repente, pasada más de una hora de viaje, vi un hueco vacío entre el equipaje sobre los asientos; “salté” inmediatamente a poner mi mochila, y más tarde apareció “la luz del paraíso” ante mis ojos, y que la gente me indicaba... ¡un asiento disponible! Me senté y seguí sentada extremadamente recta durante toda la noche, tratando de enfocarme en la música, en el libro o espiando a la gente, porque los cabezazos contra el respaldo vertical (común con el del asiento de atrás) hacían aun peor el tratar de dormir. La mejor posición que encontré fue extender las piernas hacia el pasillo, aunque compartida con el millar de vendedores, pues el espacio para éstas se usa en conjunto con la persona del frente que mira en dirección opuesta. Alrededor de las 2:00 horas quedamos cuatro personas en vez de seis en los asientos ubicados uno en frente de otro, pudiendo pone las piernas estiradas sobre el otro asiento, intercalados.

Antonia

23 de junio de 2010

Desde Yogyakarta (2), Java, Indonesia

Ayer martes caminé y caminé por Yogyakarta. Temprano fui al correo para enviar algunas cosas a Chile, pero no pude hacerlo porque primero era “enfermo de caro” y luego porque para enviar por barco el envío debe pesar mínimo 3 kg, que no era mi caso; entonces mandé unas postales. Luego fui al mercado, que era un lugar enorme con “de todo”, con “la vida completa sucediendo” dentro; compré galletas (6.000rp) y una blusa “apropiada” para el mundo musulmán de Java y Malasia (45.000 rp); había comida, especias, metales, ropa, ¡batik!... absolutamente de todo. También volví a Taman Sari, al “palacio del agua” del Sultán, y visité la villa que lo rodea donde conversé con un señor que me había mostrado la vez anterior cómo hacer batik y muñecos javaneses. Y seguí caminando… pero hice un descanso tomando un coco enorme (7.000rp) porque estaba muy sedienta, y conversando con el chico que los vendía; luego me encontré con otro tipo a quien conocí antes y con quien conversé un poquito más, y así, hasta que dieron las 16 horas. Me duché, descansé, y al salir a comer me topé con mis dos vecinas de pieza que también están viajando solas, de Australia y Japón; fuimos juntas a cenar y luego, junto a un alemán del mismo hostal, fuimos todos a ver al “Wayang”, la presentación de muñecos javaneses (23.000rp). 
Los Wayang son muñecos planos de cuero de buey curtido, trabajados meticulosamente con gubias hechas de restos de ruedas; están llenos de hoyitos, pintados de colores e insertos en un palo desde donde se manipulan. La presentación de los muñecos... ¿recuerdan al teatro japonés NO?... es así de “emocionante”. Yo pensé que el comentario de la guía turística, de “lleve su almohada”, era por los asientos duros; pero no, era porque más aburrido imposible. Después de 10 minutos ya no sabía cómo aguantaría dos horas; pero se podía caminar alrededor de la presentación, pues consistía en un escenario central con un grupo de músicos tocando instrumentos extraños y un telón con los muñecos puestos a los costados, insertos en un palo de plátano (porque es blando y se pueden pinchar y sacar fácilmente). El artista principal se pone con los muñecos mirando al telón, con una luz detrás; allí “canta”, hace ruidos y mueve los muñecos. El “canto” es peor que el de la mezquita; los ruidos del pie contra un cajón de madera marcan los movimientos de los muñecos y la música no tiene ningún ritmo ni armonía. 
Pero el escenario es bonito. Por el otro lado del telón blanco se ve el reflejo negro de los muñecos; es bello, pero ¡mierda!, qué lento e inentendible. Si no se tiene el folleto con la historia no se entiende nada, y ¡la historia!... sumamente aburrida. Sabíamos que uno de los protagonistas moría al final, así que esperamos el ansiado desenlace, que para entonces ya no estaban las 20 personas del comienzo. Bueno, fue gracioso e interesante a la vez; fue bueno.

Hoy desayune comida de cena a las afueras del mercado, como aquí se hace; sobre un canastito colocan una hoja de plátano a modo de plato, y sobre ésta la comida. Yo pedí fideos con vegetales (8.000rp), algo picantes y ácidos debido a un vegetal que creo es una hoja joven de un tubérculo… súper rico, y unos rollitos tipo primavera; y compré naranja y salak, el fruto café con piel de reptil que me encanta y aquí en Java es más barato que en Bali (6.000rp).
Y, finalmente, fui al palacio del Sultán (14.500rp). No tenía nada de espectacular, fue algo aburrido; pero es relucientemente limpio y después de todo es la atracción de la ciudad y del propio Sultán. El palacio es, primero, la casa del Sultán y el palacio de gobierno, y luego un sitio turístico; por ello, los horarios de visita son tempranos.
En la noche fui con el alemán que se hospeda en mi hostal, sentada en la barra trasera de su bicicleta de viaje amarilla, hasta una calle angosta donde los jóvenes indonesios van a socializar; allí se sientan sobre el piso a lo largo de la vereda, frente a varios puestos pequeños donde hacen bebestibles y comida rápida (brochetas de pollo con salsa de maní y bolitas fritas de varias cosas, saladas y dulces). Para beber, lo típico es el té caliente con limón y hielo, o café; entre los café está la especialidad “café con carbón”, que se hace metiendo al café, previamente preparado, una braza roja que se ennegrece y deja al café humeando mientras se enfría... no lo probé.
Ahora estoy planeando qué hacer. Pensé partir de aquí mañana en la mañana; pero el tren a donde podría ir no sale sino hasta las 20:00 horas, y como no lo sabía para haber hecho hoy el “check out”, mañana “nada que hacer”... comer será. Iré unos dos días, o menos, a algún lugar antes de llegar a Jacarta para mi vuelo del lunes a Kuching, Borneo.
Que estén bien.
Antonia