Hola, hola. Aún en Kuching. “Qué mala pata”, no pude
ir al parque nacional Mulu ubicado en el centro de Borneo, que es supuestamente
lo mejor de Borneo. Entre que los europeos lo están repletando todo y justo en
estos días hay un grupo internacional llamado “‘Hash” que está saturado lo restante,
excluí mi segunda parada de Borneo por falta de alojamiento. En fin…
Así es como en Kuching hay “mil y una” construcción
diferente: templo chino, mezquita, edificio de estacionamiento pintado
multicolor tipo jardín infantil, cultura occidental “moderna”, barrio chino,
calle india, hotel Hilton, mercados de comida malaya, McDonald’s...
Aquí, a diferencia de en Indonesia, hay césped por
todos lados, y bien cortado a máquina (supongo que refleja la dominación
inglesa)... cuando en Indonesia el pasto era cortado ¡a mano!, con cuchillo o
una hoz de rodillas en el piso.
Pero aquí, entre la “modernidad”, muchos advierten que
tenga cuidado con mi bolso de mano, porque suelen robar. Por eso, ahora lo llevo cruzado.
La ciudad tiene medio millón de habitantes; pero como
es bastante plana no se ve mucho más allá del centro que no es muy grande; pero
se extiende. La familia Ibán que conocí vive a 45 minutos del centro, y Hazel,
el contacto que tenía antes de venir, a 50 minutos.
Bueno, el miércoles, al día siguiente de la visita a
la longhouse y a los orangutanes, partí al parque Bako (10 RM)... ¡¡bello!! Era
un lugar para alojarse y tomarse más tiempo del que yo dispuse por el día. Tomé
un bus púbico del centro de Kuching (2 RM) que iba con harto turista, para
luego reunirme con un grupo de turistas para compartir el costo del bote hasta
el parque (9 RM por persona).
No puedo expresar lo bello que es el parque Bako, ni
con las fotos; estaba lleno de vegetación. Escogí los senderos para mi
caminata, uno de 5,3 km y otro de 800 metros.
Hasta que al atardecer salí del parque Bako en el bote,
donde conocí a unas parejas de polacos y checos; los checos me invitaron a
compartir su taxi… “qué agradable”, me dije; pero el “maldito” aire
acondicionado del taxi hizo que ahora tenga mi garganta adolorida. Desde
entonces he estado cansada, ayer y hoy, pero aun así caminando por la ciudad.
Y para que vean que yo no soy la única, mi compañera
polaca de cuarto ya lleva seis meses de viaje por Asia, y no pretende volver
sino hasta noviembre. Su plan de viaje inicial era ir desde India hasta Europa
pasando por el medio oriente; pero se “desvió” al sudeste asiático... porque la
entusiasmó. Y ya me dio unos datos mientras yo le di los de Indonesia.
¡Besos a todos!
Antonia.


