Antenoche, cuando volví a mi hospedaje me di cuenta
que no tenía más que una manta para taparme los pies, cosa que no importó al no
estar tan fresco; pero los calzones que había lavado y colgado en la pieza
estaban aún mojados. Yo pensaba que se secarían de inmediato, lo que me
demostró lo húmedo que está el ambiente aquí, y el porqué de mi constante
transpiración.
Ayer me desperté con el sonido imparable de los
pajaritos enjaulados y los cantos agudos (que yo llamaría chillidos) de una
niña de mi hospedaje.
Cuando salí de la habitación, no pude creer que me
ofrecieran desayuno (estaba incluido por los tan solo 60.000rp). Si bien la
pieza es bien “atorrante” (mejor no la describo), el espacio común es agradable
y lindo, y el desayudo muy rico. Me dieron panqueques rellenos con plátano y
miel, ensalada de fruta (piña, papaya, naranja y plátano) y té que disfruté en
la mesita de la terraza pequeña que tiene la entrada de mi habitación. La guía
dice “virtualmente, donde sea dan un desayuno básico”.
Al salir, caminé un poco por la calle, cuando encontré
el mismo “snack” que el mono me comió ayer; estaba rico.
Volví a Ubud de la misma forma como salí, aunque esta
vez sabiendo el precio real (o justo) que debía pagar. Cabe señalar que el
precio para un turista no es ni cercano que para la gente local.
De regreso en mi habitación, los calzones, esta vez
colgados en la terraza, aún estaban húmedos, además de heder a toalla húmeda
que se queda dentro de la mochila... ¡mal!
Luego caminé un poco más por Ubud. Fui al mercado “a
mirar”; pero terminé comprando fruta exótica: rambután y mangostino ¡deliciosas!
(un poco ácidas, sutilmente parecidas a jugo tropical mezclado con pera) y
luego compré en un mini-mercado un paquete de galletas.
Hoy en la mañana fui a tomar el minibús que me
llevaría a Gili Air, frente a la venta de pasajes. Por casualidad, le pregunté
al vendedor por si se me habría quedado ahí mi chequera; “sí, la dejamos en el
cajón porque no sabíamos de quién era”, dijo. No lo pude creer, estaba hasta con
US$450 de los US500 que tenía. Aquí la gente es muy humilde y pese a ello muy
honesta; qué agradable, es de no creer en Chile. Como atención, y agradeciendo
también al destino, les devolví 150.000rp y no les dije nada de los US$50.
Más besos y abrazos... sigo en contacto si hay
internet.
Antonia