El viaje nocturno en bus desde Hue hasta Hanoi fue bueno.
Una vez más en la parte trasera del bus, rebotando el camino completo, y
“deleitándome” con los bocinasos que el chofer no paró de hacer ¡durante 12
horas!
Y el bus, otra vez, paró donde quiso en Hanoi. Nos bajaros
en una parte alejada del centro de Hanoi, que ni siquiera era el terminal de
buses. Taxis y motos estaban a la espera de los turistas para llevarnos a
nuestros destinos finales; esta vez, con más energía que en Hue, me negué a
tomar estos servicios. Caminé hasta que encontré la parada de buses locales, y
gracias a una señorita que me dio el número del bus adecuado, pude tomar uno.
Esto fue, eso sí, tener algo de suerte; pese a ser buena gente, en estos
aspectos los vietnamitas son terribles, se protegen unos a otros y no “sueltan”
información alguna para que uno tome los servicios alternativos y por ende
gaste más plata.
Cada vez más caro; lo más barato en alojamiento que encontré fue una pieza por US$7, aun cuando todo estaba sobre US$10. Siempre hoteles; en Vietnam casi no hay alojamiento que no sea hotel, y por ende siempre dan toalla y la pieza tiene televisión. El dormitorio compartido que encontré era “de no confiar”, con un pasillo con camarotes a lo largo, sin espacio para mochilas, oscuro, feo… imagínense lo “dudoso” que se veía que hasta yo lo rechasé.
Cada vez más caro; lo más barato en alojamiento que encontré fue una pieza por US$7, aun cuando todo estaba sobre US$10. Siempre hoteles; en Vietnam casi no hay alojamiento que no sea hotel, y por ende siempre dan toalla y la pieza tiene televisión. El dormitorio compartido que encontré era “de no confiar”, con un pasillo con camarotes a lo largo, sin espacio para mochilas, oscuro, feo… imagínense lo “dudoso” que se veía que hasta yo lo rechasé.
Cuando llegué a mi hotel, gracias a una moto que me ofreció la “oferta” y me llevó gratis, me duché y preparé mi mochila con candado, porque oí que Hanoi es un poco más “manilarga” que el resto del país, y salí a la aventura. Caminé hasta el lago, luego fui a un sector cercano con callecitas a ver algunos sitios; pero todos estaban cerrados porque era la hora de almuerzo. Almorcé ensalada de papaya verde. Luego me compré un “moon cake”; estos pastelitos son horneados, de masa café o blanca y rellenos; los he visto desde que llegué a Vietnam, en locales ambulantes con cajas rojas y amarillo, presentados de manera muy especial. Siempre me pregunté “¿qué hay acerca de estos pasteles, y porqué tan caros comparados con el resto de las cosas?”
Una señora con su hija, canadienses pero de raíces
china-malayo, y que iban conmigo en el tur en Hue, me comentaron acerca de los
“moon cake”. En la mitad del otoño, en luna llena, y relacionado con la fecha
del año nuevo chino, se celebra una creencia relacionada con ángeles y la
luna... un cuento chino, y cuya celebración está hecha para los niños. Antes de
este día, que cambia cada año, comienzan a preparar estos pasteles, por lo que
uno puede comprarlos hasta esta fecha; pasada la luna llena ya no hay más
pasteles, y por ello no los vi en Malasia.
Entonces compré un ”moon cake”, para probar, digo yo. Mil
y un tipo diferentes de rellenos, con carne o sin, dulces o salados. Yo compré
el más barato, a 26.000d; ¡era delicioso!, una masa blanca hecha (imagino yo)
de harina de arroz con clavos de olor, en cuyo interior había una mezcla de
azúcar, semillas de sésamo, fruta confitada (probablemente coco) y, crean o no,
un poquito de pollo, que sólo lo sentí una vez que mastiqué y saborié cada
pedacito. Entonces ya eran cerca de las 14 horas, y el calor era insoportable.
Quizá ayer haya sido el día más caluroso de todo mi viaje; estaba completamente
transpirada, y mi mochila, una vez más, hedienda. Así que me fui rumbo al
hotel... o eso es lo que pretendí, porque donde creí estar, no era el lugar.
Deambulé 30 minutos casi en círculos hasta que tomé la ruta inversa a cuando
salí del hotel, y cuando casi me di por vencida estaba frente a él.
Y el “Pho” resultó ser ¡sopa de fideos!... por cierto que
lo había probado, de hecho es mi desayuno diario, y si no lo como en la mañana
o mediodía, lo hago por la noche. No dije nada, sólo que estaba muy rico. Me
encanta esta costumbre de tomar sopa de caldo, con carne o tofu, brotes de soya
y hojas varias, y aderezado con un poco de limón (o naranja) y pasta de aji;
esto es típico de desayudo o para la ocasión que sea, y a veces por simple
entretención.
De regreso “a casa”, la ciudad estaba toda iluminada, con
mucha gente caminando al rededor del lago; era la noche previa a la fiesta de
luna llena en otoño.
Hoy salí a caminar; pero no había mucho de mi interés, fuera
de que encontrar los lugares que quería resultó un verdadero desafío, y dos de
ellos estaban cerrados, incluido el mausoleo de Ho Chi Ming que cierra a las 11
am y el museo de la mujer, por reparaciones. La mujer tiene un lugar importante
en la sociedad, fueron ellas las que salían a pelear a la guerra cuando los
hombres transportaban mercancías por los “caminos de Ho Chi Ming”.
Hoy, a partir de las 19 horas, comenzó la fiesta callejera
de luna llena. Algunas de las presentaciones para los niños inlcuyeron
cantantes, bailarines, dragones y otros personajes en las calles. Creí que
nuestro año nuevo en Valparaíso no podía llenar más las calles; pero esto es
irreal, estaba absolutamente atiborrado de gente, de motos (mas motos que
nunca), de gente con gorros de fiesta, de venta de juguetes en las calles... y
dale con los bocinasos.
Y eso, mañana comienza mi seguidilla de tures; primero al este, a la ansiada Bahía Halong, por tres días, y luego al norte, a Sapa, para luego pasar a China. No sé si tendré acceso a internet en los días próximos, así que no se impacienten si no escribo; estaré en una ruta muy turística.
Muchos cariños, y que el sol siga calentando y sonriendo.
Antonia
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