18 de julio de 2010

Desde Kuala Lumpur, Península, Malasia


De regreso en la capital, KL.
El tiempo y presupuesto no me dieron tiempo para ir a tanto lugar como pensaba, pero estuvo muy bueno.
Para ambientar, les cuento que el paisaje, tanto desde el avión como del bus, es bien verde, con pueblos o ciudades inmersas entre masas de vegetación natural, y mucha cubierta de palmas para aceite.
En general, las ciudades son feas, así como cualquiera chilena de “medio pelo”, con edificios de bloques, casas pareadas, un poco sucias, sin gracia, aunque a menudo más verde por el pasto que crece debido a la lluvia.
Increíble es el cómo a la gente le gusta compartir y comer. Vi locales abiertos durante todo el viaje n bus a lo largo del camino, a cualquier hora de la noche, con gente comiendo o tomando (no alcohol porque los musulmanes lo tiene prohibido).
El martes partí en la noche rumbo a Kuala Terengganu, ciudad en la costa noreste, para luego tomar un bus a Marang y de ahí un bote a la Pulau Kapas, una isla con playa.
El viaje medio salvaje, con un conductor amante del acelerador pero por sobre todo del ¡¡¡aire acondicionado!!!... estaba, y estaban todos, congelados. Fui la única que pedí subieran la temperatura, pero la respuesta fue: “bueno, pero sólo por 5 minutos”… “¿de qué sirve eso?”, me dije. Entonces en una de las paradas saqué mi toalla del bolso y me la puse encima. Pese a ello, el bus era bien bueno, “elegante”, con cortinas tipo palacio de sultán, con una fila de dos y una de un asiento, bien cómodo, pero ¡diablos! cómo se arruinó el viaje con el frío.
El bus llegó a las 4:50 hrs a Terengganu; esperé hasta las 7:30 hrs comiendo Nasi Lemark, arroz con salsa de pescaditos secos y salados, puestos en papel craft y hoja de banana, cerrado  en forma de pirámide.
Una vez en Marang, antes de tomar el bote, comí un “roti chanai”, una masa tipo panqueque india, servida con curry de pescado... ¡cómo me gusta!, y es tan barato. Y me dije “basta de acarrear comida (galletitas) que siempre hay en todos lados”, así que me crucé así no mas. El punto fue que, la comida en la isla era el doble de cara.
Cuando llegué a Pulau Kapas, el mar estaba medio revuelto, por lo que no tenía mucha gracia el lugar. La mayoría de la gente decía estar allí por varios días sin querer irse, y yo no entendía porqué... ¡nada como Gili! Me metí al agua y sentí pinchazos en la piel, pero no vi nada; sentí una especie de electricidad o producto químico irritando algunos puntos de mi piel, entonces me salí de inmediato.
Tomé sol e intenté meterme al agua nuevamente, cuando ya estaba mas calma y definitivamente más cristalina, entonces me miré y vi, dificultosamente porque era transparente, una meducita... ¡eso era! Después desaparecieron las medusas y el agua se tornó deliciosa y trasparente, más fresca que en Indonesia. Y cuando el sol ya me tenía medio aturdida me eche a dormir sobre la arena y bajo una palmera, porque casi no había dormido en el bus. De repente, algo me tocó la cara y las manos sobre las que estaba apoyada; abrí los ojos, y planté un grito... la cara de una iguana enfrente de la mía; pero la pobre partió hecha “un cuete” con mi grito. Y todo esto frente al hostal.
Me quedé dos noches en la isla. El segundo día comenzó bullicioso... había paseo de estudiantes, con actividades. Como el resto de los turistas, pesqué mis cosas y me fui a una playita unos metros alejados... ¡casi para mi sola! Estaba liiiiindo, qué relajo. No quise hacer ninguna caminata ni aventura; esta vez me lancé al ocio. Bello, bello.
Ambos atardeceres los tuvimos con tormenta. Aquí, cada vez que llueve, tiene que ser con exageración, con harto relámpago y truenos, y lluvia que llega a doler.
El jueves por la mañana regresé, por el mismo medio, hasta Kota Terengganu, y de allí tomé un bus a Kota Bharu, la ciudad más grande del norte, cercana al límite con Tailandia. Decían que era muy fea, que es sólo el paso para tomar el tren para ir al parque nacional Taman Nagara; pero decidí ir de todos modos, ya que por tiempo no iría ni a las islas Perhentian ni al parque. Sabía que el viernes no era el mejor día para visitar la ciudad, porque tiene una población islámica muy grande y por lo tanto no hay actividades... fui igual.
Llegué tarde, tipo 18:00 hrs, porque los buses estaban llenos. Las piezas compartidas estaban copadas; pero un hostal chino, donde la gente era muy amable, me ofreció una pieza muy económica y yo, por cierto, acepté. La pieza era harto precaria, tipo establo, cerrada, con espacio sólo para la cama y una silla sobre la que había un ventilador; fue allí que casi me ahogué en la noche (con exageración), además de la humedad ambiental; a parte, me “sicopatié” con la idea de tener un trombo sanguíneo por un dolor que me dio en el hombro. La tarde que llegué fui a un museo con juegos tradicionales (cometas, discos, muñecos tipo indonesios) y, qué miedo, tenían exhibición de serpientes... pude ver todas las que están, y que afortunadamente no vi en Borneo.
El viernes, entonces, decidí que mi aventura sería musulmana. Coincidentemente, una chica en el hostal insistió que quería acompañarme porque no tenía nada que hacer, y aunque a ratos me “sacó de las casillas” con tanta pregunta, resultó ser la compañera perfecta para mi día musulmán; es Natasha, malaya y musulmán.
Fuimos al mercado central... una belleza de colores; un edificio octogonal hueco en su centro, pintado de amarillo y naranjo (como muchos edificios aquí), en cuyo primer piso hay puestos con verduras de colores diversos y que se pueden ver desde los pasillos superiores. En el resto del edificio hay secciones de pescado, ropa, comida, golosinas, fruta. Sin duda el mercado más lindo que haya visto hasta el momento, sin decir que el olor y suelo, sobre todo cercano a los pescados, es terrorífico.
Pasado el medio día partimos a la gran mezquita. Natasha me contó algunas cosas de su religión; entramos a la meca cuando había pocas personas y luego paseamos afuera, donde la gente, especialmente hombres que oran primero, consumen productos diversos. Nos tomamos un yogurt líquido, tipo bebida con un líquido de “frutilla” rojo furioso para darle sabor... sospechoso pero muy rico a la vez. Vendían mucha comida para picotear, especialmente frituras, empanaditas y pescados, dátiles y jugos extraños, con consistencias y colores “de miedo”.
Luego que los hombres finalizaron su sesión de oración del medio día, entramos nosotras a la maca; pero no me dio para orar. Natasha me prestó uno de sus velos para taparme el pelo y completar mi experiencia musulmana, y modelé también el velo blanco que usan las mujeres durante la oración. Muchos pensaban que yo era rumana; la gente estaba contenta de verme así.
Resulta que la mayoría de los malayos, no indios ni chinos, son musulmanes. No todas, pero la mayoría de las mujeres se tapa el pelo con pañuelos o velos modernos fácil de poner. Los hombres oran por separado de las mujeres, al menos esta vez primero, y no deben usar nada especial aunque la mayoría usa el “sarong” o manta atada a la cintura como faldón, o pantalón, ambos largos hasta los tobillos, con una camisa de manga larga y el gorrito característico; del color que sea, pero Natasha me dijo que blanco era mejor. Las mujeres, al entrar a la meca se colocan una túnica blanca, oran, y se cambian nuevamente a sus ropas antes de salir.
Los viernes y sábados, a diferencia de nuestro sábado y domingo, son los días musulmanes libres. El viernes es día de oración obligatoria para los hombres en la meca, no para las mujeres, lo que se vio ese día porque durante la sesión de hombres estaba absolutamente atiborrado, incluso los pasillos y veredas del rededor de la mezquita, mientras las mujeres eran unas cuantas.
Se ora cinco veces al día, al rededor de las 6:00, 13:20, 16:45, 17:30 y 20:40 hrs. En una pantalla electrónica colocan los horarios del día. Se puede orar en la casa o en alguna de los infinitos oratorios dispuestos por todos lados (estaciones, trenes, calle)… no hay excusa.
Previa la sesión de oración viene el lavado del cuerpo bajo llaves dispuestas afuera de la sala de oración; las mujeres se sacan el velo. Cada “presa” se lava tres veces; en orden, primero se lavan las manos, luego la boca colocando manos llenas de agua, luego la cara, los brazos (el derecho primero), desde la mano hasta el codo, la parte superior de la frente, las orejas completas, el cuello, y finalmente los pies (el derecho primero).
Ramadán, el mes musulmán comienza el 8 de agosto este año… ¡Que suerte!, no estaré en ningún lugar musulmán para entonces. Consiste en abstenerse de comida, bebida, fumar y tener sexo entre el amanecer y el atardecer. Se levantan a las 5 am a desayunar, se comen unos dátiles, vuelven  dormir, y alrededor de las 6:30 am comienza Ramadán. No tienen festividades y todo es calmo por este mes; luego de éste, comienza la partuza... digo yo.
En la tarde fuimos a la playa en busca de los que hacen cometas, pero estaba todo cerrado. La playa fome. Allí me despedí de Natasha, pensando vernos después, porque yo quería caminar y ella con mil y una cosa encima era incapaz de seguir si no era en bus… pero no la vi más; le mandaré una foto nuestra.
Mi segundo día en Kota Bharu, ayer, fue aburrido. Paseé por la ciudad esperando las 15:30 hrs para la exhibición de juegos; eso estuvo bueno aunque nunca apareció el que hace los volantines; vi cómo tocaban los tambores gigantes y jugaban al spinning, unos discos planos de 4 kg, metálicos con madera, bien bonitos, que lanzan como trompos y luego recogen y dejan girar por mucho rato sobre un palito; también vi como hacían batik (esta vez bonitos). 
En la tarde tomé el bus de regreso a Kuala Lumpur. Al comprar el pasaje me mostraron, en el computador, que quedaba sólo un asiento vació en una fila única, por lo tanto lo tomé. Mientras esperaba el bus conversé con una señora de origen chino quien partía a las 20:30 hrs (yo a las 21:00 hrs); 10 min antes de las 20:30 llegó un bus, y entonces la señora se fue. En el entretanto se nubló y colocó el cielo bien oscuro. Cinco minutos para las 21:00 hrs, con el bus anterior aún estacionado y para entonces lloviendo a cántaros, decidí ir a preguntar por mi bus... tuve que cruzar el terminal con esa lluvia torrencial; resultó que ambos buses ¡eran el mismo! Los “pelotas” juntaron dos buses en uno de dos pisos, con dos filas de dos asientos... terminé usando el asiento frontal de la parte superior, tipo vitrina... ¡que susto!; pero esta vez el conductor era muy precavido, el aire acondicionado estaba sobrepasado aunque aceptable y tuve vista nocturna de la selva. El viaje debe ser muy bello de día; debí haberlo hecho así.
En fin, llegué a KL a las 5 am; pero como no supe dónde bajarme (aquí nadie avisa), terminé dándome la vuelta de recorrido con los choferes y conversando con los pasajeros nuevos, llegando nuevamente a KL a las 10:30 am. Encontré un “dorm” (pieza compartida) muy buena.
Les cuento en el texto próximo sobre Kuala Lumpur y mi día mágico de hoy. Esto ya se extendió mucho.
Besos.
Antonia

12 de julio de 2010

Desde Melaka, Península, Malasia


Por fin más para ver.
Península Malasia es mucho más entretenido para mí que Borneo: más caos. Llegué a Kuala Lumpur (KL) el sábado a medio día; estuve caminando de un lado a otro hasta que se puso a llover.
Es que uno no sabe para dónde mirar en Kuala Lumpur, la capital de Malasia, porque hay ¡tanto que ver! En la península malaya sí que uno encuentra mezcla cultural; hay muuuuuchos chinos, bastantes indios y malayos y las correspondientes mezclas entre ellos. Y entonces la comida hindú... nada más delicioso, con unas salsas ¡fabulosas!
Se ve mucha modernidad entre edificios antiguos; mezcla de arquitectura holandesa, portuguesa y china. Autos que si bien no tienen colores furiosos, varían en un rango mayor que del negro y el plateado, y con vidrios translúcidos. Mucho transporte público y gente por todos lados.
 Debido a que ya no me queda mucho tiempo en Malasia, quiero ir a muchos lados y quiero obtener algunas visas para mis destinos próximos, decidí irme de KL el domingo para aprovechar las festividades del fin de semana en un lugar más pequeño; es así como llegué aquí, a Melaka (o Melacca). 
Alguien por allí dijo no haberle gustado Melaka pero, si bien puede no ser lo que alguien busca, difícil es decir que es feo o no tiene nada de interesante. Es súper linda la ciudad, compacta, con un barrio chino bonito y todo bien cuidado; con un río a lo largo; centros comerciales modernos también. Hay tanto velo musulmán como túnicas indias o chumichina china y malaya. Una sección de la cuidad tiene edificios color rojo palo de rosa, junto a la iglesia de Melaka. Y al igual que Penang, es ciudad denominada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
En Melaka, el medio de trasporte exótico, para pasear al turismo, es una bicicleta que lleva un carrito al costado izquierdo, con espacio para dos personas, que la llenan de flores plásticas de todos los colores y con música a todo volumen que puede variar desde hindú a tecno; sus conductores son de la mezcla racial que sea.
En Melaka, visité mezquitas, bien distintas a las de Indonesia, templos chinos y uno hindú. En el barrio chino había un mercado nocturno donde vendían cuanta cosa “made in China” posible, pero fui también porque era el momento para ver más caras chinas y otras que uno ve a la salida de las casas o dentro de boliches.


En “Little India”, el barrio indio, no muy grande, hay ropa colgada a la venta de no buena calidad, pero bonita, y tiendas que en vez de estar llenas de latas o bolsas, lo están de cajas con productos comestibles. 
Experimenté, entonces, comer en hoja de plátano, y con la mano; comí una tortilla rellena con verduras y servida con salsas donde untarla (Tosai masala), a sólo RM2 ($350), llenadora como una comida de tamaño mediano... y ¡delicioso! 
La moneda de Malasia es el Ringgit (RM) y el cambio US$1 = 3,17RM
Los restaurantes indios usan platos y vasos metálicos, casi nada de plástico a diferencia de los chinos. Y ahora que veo a más indios, y a deferencia de los de NZ, ya no creo que sean tan feos como siempre me parecieron; y son bien amables y extrovertidos. Los chinos, parcos a primera vista, y especialmente los más viejos, sonríen cuando uno los mira por más tiempo y los saludas con un gesto de cabeza. 
Ah! No puedo olvidar mencionar mi alojamiento; es el lugar más barato que menciona mi guía, una casa china vieja de sueño, no muy bien tenida pero espectacular, de madera oscura por dentro, escalera de caracol, puertas grandes, entrada con azulejos antiguos… como debe haber sido en sus comienzos en 1918. La habitación compartida, sin embargo, no tiene nada de elegante (harto decrepita, en el ático); pese a ello, pasé la mejor noche de las ultimas dos semanas porque no tenía aires (acondicionado ni ventilador) que me enfriaran a media noche, ni mosquitos. Y es como me encantó Melaka. Pero hoy lunes en la noche ya estoy en el terminal de buses esperando el bus para mi destino próximo, Pulau Kapas (Pulau = isla). Y es que quiero alcanzar a ver todo lo planeado. No sé si tendré internet. Ojalá las playas sean lindas.
Cariños, Antonia

9 de julio de 2010

Desde Kota Kinabalú (2), Sabah, Borneo, Malasia

Estoy de regreso a KK (Kota Kinabalú) luego de mi “expedición” por la selva de Sabah, Borneo.
Al final cambié un poco mis planes. El lunes, finalmente y luego de arreglar mi tur a la selva y comprar mi impermeable, partí en bote a la isla Mamutik del Parque Nacional Abdul Rahman, al frente de KK. Por desgracia, luego de Gili Air en Lombok, nada es del todo bello; pero fue rico tomar un poco de sol y bañarme. Sin embargo, el clima no acompañó al paseo y tuve que volver una hora antes; cuando empezaron a caer unas gotas, decidí partir de regreso. Una vez en el bote, con más turistas, empezó a llover... y ¡miércales que llovía!; dolía la cara con el agua... pese a ello resulté ser la única de todo el bote que salió bastante seca, porque de pura suerte andaba con el impermeable que compré para el paseo siguiente.
Caminé al hostal, y seguía el diluvio; fui a comer por segunda vez a un restaurante indio que queda cerca... ¡que buena la comida!
El martes partí bien temprano para alcanzar mi bus que salía del terminal Inanam rumbo a Tawau. Me habían dicho que sólo se llegaba en taxi... pero yo la insistente me conseguí la información para llegar en locomoción pública. Tomé el ”city bus” hasta el terminal Wawasak y de ahí otro mini bus hasta el Inanam; luego de seis horas me bajé en Kinabatangan. Entonces de diferentes partes llegaron los demás turistas para que un bus de la empresa nos transfiriera a este paseo, una hora y media río adentro.

El viaje en bus fue una belleza; el paisaje entre montañas con nubes algodonosas y un verdor fenomenal. Si bien no lo subí, el Monte Kinabalú se veía imponente en el paisaje. ¡¡¡Lindo!!! Lo único malo es que hacia el este de Sabah aparecieron las plantaciones de palmeras para producción de aceite... un tema del que me informaré mejor una vez en Chile, y es que estos bestias desde hace ya algunas décadas vienen deforestando el bosque “a mil por hora”, y el paisaje termina absolutamente monótono, aunque verde y con helechos creciendo en el tallo de las palmeras y suelo (mejor que la plantación de pinos, creo yo). El parque del tur corresponde a una reserva en medio de estas plantaciones antiguas de palmas, que queda en el río Sungai Kinabatangan. 
El tur “valió cada ringgit”… lo pasé “chancho”, y nos cansamos mucho también. Consistió en dos noches y “tres días”; cuatro salidas en bote, de hora y media cada una, en la tarde en que llegamos, las dos mañanas siguientes (6am) y la tarde del segundo día; caminatas nocturnas por el parque; y una caminada durante el segundo día. Nos dieron desayunos, almuerzo y cenas muy ricas... y la chilena aprovechando de empacharse con verduras.
El paisaje en bote fue tal como me imaginaba al Amazonas. Un río marrón opaco con árboles, arbustos y pastos a cada lado. Vimos monos hasta que nos dio hipo... y dale con el macaco de cola larga y el mono probóscide (o como se llame en español).
Y tratando de llevar lo menos posible al paseo (el resto lo dejé en KK, en el hostal), la muy mensa de yo no llevé mis lentes; mientras todos veían al cocodrilo escondido entre las ramas, yo caso perdido. Pero... mi cámara, con el zoom fantástico y envidiado por medio bote, me permitió sustituir los lentes. Difícil, en todo caso, ver al famoso cocodrilo; con suerte, y con las olitas hechas por los botes, se podía ver la cabeza del “pobre tipo”. Lo mismo me pasó con una serpiente; todos me indicaban donde estaba, y yo nada, no veía nada; cuando por fin la encontré con el zoom, lo único que se veía eran dos centímetros cuadrados de esta cosa negra con anillos amarillos... ¡¡a eso le llamaban serpiente!!. A los elefantes no los pudimos ver porque estaban muy lejos de la base esos días. También vimos algunos pájaros extraños.
La tarde del día que llegamos estaba lloviznando, en la noche y día siguiente despejado, y la mañana del tercer día con neblina que luego se despejó. En la salida en bote del segundo día, cuando el sol cayó, una luz espectacular apareció; en un cielo celeste, con un poco lila, los rayos del sol hicieron franjas fucsia en las nubes... jamás vi algo así antes.
En las caminatas vimos plantas durante el día y animales e insectos durante la noche. Aquí es donde debíamos usar “calcetines contra sanguijuelas”, que no pude encontrar en ningún negocio; a cambio, y porque mis pantalones son todos cortos, me compré unos calcetines deportivos verde con líneas blancas muy sexi. Pero nadie fue “atacado” por ninguna sanguijuela. Nada de lo que vimos por la noche se movía cuando los alumbrábamos, ni los pájaros... absolutamente petrificados, excepto por animales más grandes como un “gato Civit” y un zorrillo. Y es que en el momento de apagar las luces, durante la caminata, comprendimos porqué los pájaros no se mueven... por que no se ve ¡nada!, ¿a donde volar?
Fue rico también poder compartir con gente de varios países por más de un día. Sin embargo, no encontré a nadie que siguiera mi ruta hacia el continente. Eso sí, hice dos amigos con los que ayer seguí rumbo a las termas “Poring” luego del último día de tur, Shaunagh de Australia y Andi de Inglaterra (que vive en Filipinas cultivando arroz).
Las termas “harto penca”; tinas chicas, de loza azulada, divididas en cuartos con dos llaves cada uno, con agua fría y caliente, que se llenaban taaaan lento... insoportables. Pero fuimos tarde, cuando ya no había nadie y no tuvimos ni que pagar, y estaba rico. Nos alojamos en una casa en la calle única del pueblo. Según Shaunagh se parecía mucho a Nepal.
Y hoy decidimos hacer una caminata por el parque hasta una cascada, 3,5km que nos costó dos horas de ascenso y una de bajada. Otra vez transpiré como porcino… y aquí si que conocimos a las sanguijuelas; las “bestias” escalan los zapatos en busca de piel. Y por supuesto la presa favorita era yo. Yo creo que mi circulación sanguínea debe ser más superficial que la del promedio de la gente, porque mosquitos, y ahora sanguijuelas, me prefieren. Pero mis “calcetines sexi” funcionaron fantásticos, aunque el grito de horror cada vez que vimos una en nuestros pies no faltó. El “chiste” de las sanguijuelas acabo en el bus de regreso a KK cuando Shaunagh hizo el comentario de que la aventura no hubiese sido tan excitante sin haber sido intimidados por estos animales... al cabo de dos minutos del comentario ella dio un grito nuevo porque aun tenía una en el tobillo... y nos reímos más aún. Carmen Luz, esta australiana es como haber estado contigo, con una personalidad, risa y goce ¡imparables!
Cuando bajamos, se largó a llover. Almorzamos una sopa deliciosa (Thai Tom Yam). También nos dieron en el local un picadillo de una planta, súper rico, que luego de pensar y pensar llegué a la conclusión de que era muy parecida en sabor al cilantro... mmm
Y nos vinimos a KK. Cené en mi restaurante favorito, Arin Curry House, Mie goreng talur (fideos salteados con vegetales… los mejores fideos ¡del mundo!) y un “roti”; (masa frita, plana como panqueque, que la sirven acompañada con un platito con curry donde se unta).
Mañana vuelo a península Malasia (Malasia oeste)
Un beso grande.
Antonia

4 de julio de 2010

Desde Kota Kinabalú, Sabah, Borneo, Malasia


¡Qué ciudad más fea! Kota Kinabalú, en Sabah, es un verdadero hoyo sin ninguna gracias; fuera de un mercado que, por fin, tiene otras frutas fuera de plátanos y naranjas, como ocurría en Kuching, no tiene nada que me guste.
El clima tampoco me está acompañado, ni los tures tampoco. Creo que lo único que me queda es largarme a la naturaleza hasta que mi avión, el 10 de julio, me lleve a Kuala Lumpur, en la península.
Tenía pensado escalar el monte Kinabalú famoso, pero viendo que los precios de entrada y estadía son “descabellados” y que el clima está muy malo, prefiero no hacerlo. Ojalá el tiempo me permita, al menos durante la mañana y media tarde, pasear por el parque Kinabalú. También pretendo ir a un tur por el río, en la selva, nada de barato, pero una alternativa mejor donde no sufriré con tanta caminata y veré mejor a Borneo.
Mañana confirmaré el plan con el clima y alguna agencia de turismo; sino, puedo ir también a unas islas que quedan aquí al frente. Me quedaré en la ciudad sólo si no para de llover.
Ahora hay truenos y lluvia torrencial, y un calor poco agradable. Y la época seca, ¿donde?
Aquí también me estoy quedando en un backpacker, en un dormitorio compartido, salvo que ahora todo mezclado en un mismo dormitorio: hombres, mujeres y edades y nacionalidades variadas; la verdad nada muy agradable cuando ni el baño te permite cambiarte de ropa. Para más remate, el caballero de anoche no paró de roncar durante toda la noche. Le grité un par de veces pero no saqué mucho; y es que yo simplemente no tolero el ronquido. Así que hoy pedí cambio de pieza; estoy con extranjeros jóvenes… espero dormir como “lirón”.
Y más no ha pasado. Les escribo para decirles que si no estoy en contacto en los días próximos es porque me fui a la “jungla”.
Por el cambio de horario no pude llamar a la abuela. Por favor mándenle mis cariños por el cumpleaños; haber si la llamo más adelante.
Cariños,
Antonia

2 de julio de 2010

Desde Kuching (2), Sarawak, Borneo, Malasia

Hola, hola. Aún en Kuching. “Qué mala pata”, no pude ir al parque nacional Mulu ubicado en el centro de Borneo, que es supuestamente lo mejor de Borneo. Entre que los europeos lo están repletando todo y justo en estos días hay un grupo internacional llamado “‘Hash” que está saturado lo restante, excluí mi segunda parada de Borneo por falta de alojamiento. En fin…
Efectivamente, Kuching es bastante más occidentalizado que Indonesia; pero tiene mucha más mezcla cultural que se refleja, entre otros, en las construcciones. La mayoría de las personas de Sarawak (31%) pertenece a la etnia Ibán (como la familia que conocí), el 27% a chinos, el 23% a malayos y el restos a otras etnias. Originalmente y aún algunas etnias viven en las “longhouse” y usan sus vestimentas y costumbres particulares. La religión oficial de Malasia es el Islam.


Así es como en Kuching hay “mil y una” construcción diferente: templo chino, mezquita, edificio de estacionamiento pintado multicolor tipo jardín infantil, cultura occidental “moderna”, barrio chino, calle india, hotel Hilton, mercados de comida malaya, McDonald’s...
Aquí, a diferencia de en Indonesia, hay césped por todos lados, y bien cortado a máquina (supongo que refleja la dominación inglesa)... cuando en Indonesia el pasto era cortado ¡a mano!, con cuchillo o una hoz de rodillas en el piso.
Pero aquí, entre la “modernidad”, muchos advierten que tenga cuidado con mi bolso de mano, porque suelen robar. Por eso,  ahora lo llevo cruzado.
La ciudad tiene medio millón de habitantes; pero como es bastante plana no se ve mucho más allá del centro que no es muy grande; pero se extiende. La familia Ibán que conocí vive a 45 minutos del centro, y Hazel, el contacto que tenía antes de venir, a 50 minutos.
Bueno, el miércoles, al día siguiente de la visita a la longhouse y a los orangutanes, partí al parque Bako (10 RM)... ¡¡bello!! Era un lugar para alojarse y tomarse más tiempo del que yo dispuse por el día. Tomé un bus púbico del centro de Kuching (2 RM) que iba con harto turista, para luego reunirme con un grupo de turistas para compartir el costo del bote hasta el parque (9 RM por persona).
No puedo expresar lo bello que es el parque Bako, ni con las fotos; estaba lleno de vegetación. Escogí los senderos para mi caminata, uno de 5,3 km y otro de 800 metros.
Decía que tardaría unas cinco horas caminando, así que me apresuré para no regresar antes de que el último bote de regreso se fuera; pero sólo me demoré tres horas. Harta raíz, escalinatas y triquiñuela, pero bien entretenido, sobre todo porque, aparte del primer tramo, no había mucha subida que es lo que a mí “me liquida”. El trayecto corto tenía vegetación espesa que finalizaba en una playa preciosa; el segundo ascendía hasta la parte más alta donde estaba erosionado y por ello poco denso, con arena y roca desnuda en varias partes. Definitivamente los monos de los que hablaban no estaban allí... y casi tampoco vi gente.
De animales, sólo vi hormigas gigantes, otro millar pequeñas en fila, un matapiojos rojo-anaranjado furioso, un caracol bien lindo... y una culebra que se cruzó en el sendero rápidamente. Cuando volví a la reserva, estaban ¡los monos! Eran los animales más extraños que jamás vi, los "monos de nariz larga" (llamados proboscic, en inglés), que tienen una nariz gigante y colgante, los pies grandes, las piernas largas y una cola aún más larga... parecen humanos con disfraz.
Hasta que al atardecer salí del parque Bako en el bote, donde conocí a unas parejas de polacos y checos; los checos me invitaron a compartir su taxi… “qué agradable”, me dije; pero el “maldito” aire acondicionado del taxi hizo que ahora tenga mi garganta adolorida. Desde entonces he estado cansada, ayer y hoy, pero aun así caminando por la ciudad.
Ayer crucé en bote el río central de Kuching (2 RM) para ver el Fuerte Margherita y la tal “biblioteca musulmana” que mi amiga Yen me indicó era aquel edificio estrambótico y enorme... “tengo que ir”, me dije. Pero resultó no ser nada eso; era un edificio de gobierno al que no pude entrar.
Anoche, por fin, me junté con Hazel y un amigo de ella que trabaja en turismo, quien me repitió y me repitió que si lo hubiese contactado antes, me hubiese llevado a algunos tures por precios bajos, y que incluso me hubiese podido mandar donde conocidos al parque Mulu... pero ya había comprado mi pasaje a Kota Kinabalú (140 RM) para la mañana. Tuvimos, sin embargo, una cena muy interesante en el barrio chino, y una pasada en auto por la ciudad para ver donde debía caminar al día siguiente.  A la entrada del barrio chino me saqué una foto con el Gato famoso de la ciudad, que según lo que acontece viste algo particular; ahora la bandera de la FIFA. Y es que Kuching significa gato, y yo que creí que para los chinos era un símbolo especial.
Hoy crucé el río para ver el jardín de orquídeas... ¡qué flores más lindas! También fui a museos; el “muzium islam” que fue súper interesante (para mí, al menos). Me encanta la arquitectura islámica, siempre busco ver esto.
Y para que vean que yo no soy la única, mi compañera polaca de cuarto ya lleva seis meses de viaje por Asia, y no pretende volver sino hasta noviembre. Su plan de viaje inicial era ir desde India hasta Europa pasando por el medio oriente; pero se “desvió” al sudeste asiático... porque la entusiasmó. Y ya me dio unos datos mientras yo le di los de Indonesia.
¡Besos a todos!

Antonia.